La bondad y el desierto

La bondad y el desierto

Los seres humanos tendemos a la bondad, eso no quiere decir que todas nuestras acciones sean correctas, que seamos impecables y buenos al 100%. Pero sí que observo esta tendencia, esa búsqueda de la bondad.

Me explicaré: Después de una crisis personal y un largo proceso de autoconocimiento y trabajo terapéutico, apareció en mí el deseo y la necesidad de acompañar a personas que, como yo, habían perdido el rumbo, el sentido… 

En estos últimos 20 años he acompañado a centenares de personas en procesos de coaching ejecutivo, personal y también en estancias en el desierto. En base a mi propia experiencia y  bagaje profesional quiero compartirte algunas reflexiones:

Contactar con el dolor 

  • Vivimos procesos dolorosos que a menudo tienen que ver con nuestro propio destino: accidentes, pérdidas prematuras, enfermedades… Se trata de acontecimientos inevitables.  
  • Somos una sociedad orientada a los resultados, a los logros, al éxito… y el precio que pagamos es la dificultad de estar en contacto con nosotrxs mismxs y de atender los procesos emocionales y relacionales que vivimos.
  • Tendemos a priorizar lo que ocurre en el exterior, eso que nos retorna esa imagen que esperamos de nosotrxs: reconocimiento y aceptación.
  • Eso nos convierte en personas analfabetas a nivel emocional. La vida transcurre y somos incapaces de atender y de drenar el propio dolor que, lejos de desaparecer, se convierte en sufrimiento. Y el sufrimiento sí es evitable, solo requiere atender el dolor que lo originó. El sufrimiento es dolor atascado, paralizado, incrustado…
  • Cuando atendemos el dolor, nuestra alma se libera, se limpia, se regenera. Cuando no atendemos el dolor sufrimos, nos agriamos, nos secamos, nos oscurecemos…
  • Un alma oscurecida, alguien que sufre, necesita generar ruido para aliviarse. 

Y así nos convertimos en “víctimas”, “perpetradores”, personas “tóxicas” y “antisociales”… estableciendo relaciones familiares, de pareja, de amistad o profesionales donde la queja, el victimismo, la vergüenza, la ambición desmesurada, la envidia, la gula, la rigidez, el orgullo, la vanidad, el aislamiento, el miedo, la agresividad… se convierten en nuestro escudo protector. 

En 11 años acompañando personas en caravanas al desierto facilito y observo el proceso de: 

  1. Resistencia
  2. Quiebre y contacto con el dolor (o con el placer, con la celebración, pero esto te lo cuento otro día)
  3. Regeneración y contacto con nuestra parte más bondadosa

Abrir el corazón

Una persona que da espacio a su dolor también está en contacto con su parte más luminosa, más bondadosa… y su mirada hacia el mundo, hacia la familia, la pareja o la profesión cambia de manera que nos sentimos interpelados a ser parte activa del bienestar propio y del de los demás.

 Algunxs de mis clientes sienten la necesidad de compartir su experiencia y creé un apartado de testimonios que puedes ver si haces clic aquí. 

Abrir el corazón no requiere ningún esfuerzo. El esfuerzo se requiere para mantenerlo cerrado.

Si estas palabras te conmovieron, si entraron en ti… significa que estás listx para “atravesar el desierto, tu desierto”.

Òscar Boule, creador de Caravana hacia el interior

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