Cuando la soledad es una elección

Cuando la soledad es una elección

Octubre de 2021. Nos encontramos recién salidos del desierto de Erg Chegaga, en Marruecos, después de dos años de paréntesis pandémico.  El grupo al que he acompañado en esta “Caravana hacia el interior” regresa a Barcelona.

Yo, me quedo para preparar las próximas salidas, buscando la soledad que me permite abrazarme, recuperarme y, en definitiva, cuidarme. Elijo un pequeño Riad de la turística población Ksar Ait Ben Haddou, para pasar la noche previa a mi regreso a casa. Piscina, música bien elegida, cuidados aromas, plantas y objetos situados en su justo lugar, todo para crear un ambiente relajado.

Después de visitar la preciosa Kasba, patrimonio de la humanidad, regreso al Riad donde paso el resto de la tarde-noche. Hay algo que me incomoda, una sensación que no reconozco de estos últimos días en el desierto.

El Riad resulta ser una ficción de felicidad, donde se habla en voz baja, donde quienes me atienden lo hacen con una cuidada y teatralizada servidumbre. Los clientes nos saludamos con cordiales “Bonjour”.

Primero, entran los móviles seguidos de unas manos estiradas, y solo después, llegan clientes, grabando… supongo que lo hacen para explicar lo bonito del lugar, y recordar, cuando regresen a casa, lo “felices” que fueron en este viaje. A la cena y a la sobremesa les sigue un silencio ensordecedor que me invita retirarme.

A la mañana siguiente, me levanto temprano para dar un paseo por el pueblo. Me encuentro con algunas personas, con las que nos saludamos y   siento un efímero y a la vez auténtico contacto.

Regreso al hotel, la música exquisita sigue sonando, disfruto de un buen desayuno y vuelve a acompañarme ese silencio ensordecedor en el que me siento aislado. Los visitantes que llegaron se van marchando de a poco, sin que nada haya sucedido. Lo importante sucederá cuando compartamos con amigos, cuando les hablemos de lo “felices” que fuimos.

Y me quedo esperando el taxi que me llevará de vuelta a Marrakech, con ganas de compartir contigo acerca de la soledad.

Estar solos. ¿Para qué?

Solemos asociar la palabra “soledad” a algo malo, que produce tristeza, pero quizá deberíamos hablar, en este caso, de “aislamiento”.El aislamiento nace de la dificultad, de la incapacidad de ver al otro o de mostrarse ante él (dejarse ver). En definitiva, de exponerse al contacto con los demás. A  menudo nos aislamos como consecuencia de experiencias dolorosas en edades tempranas, o bien, debido a encuentros mal resueltos. Por ejemplo, cuando nos hemos quedado atrapados en alguna relación que terminó de forma dolorosa.

Entonces, nuestro inconsciente prefiere quedarse atrapado ahí, sufriendo, en lugar de soltar, de despedirse, de hacer el duelo (dolerse) de algo que ya terminó. En el aislamiento nos secamos, la mirada se turbia, nos entristecemos o enfurecemos, nos desalmamos.

Sin embargo “estar en soledad” como elección, retirarnos del contacto para volver a nosotros en la intimidad y el silencio, recogernos un tiempo para sosegar, regenerar…nos devuelve a casa. Retirarnos cuando necesitamos recordarnos, buscando la soledad intencionadamente, nos predispone y prepara para nuevos encuentros.

Asimismo, no disponer de la habilidad de estar en contacto con nosotros mismos, ni de generar espacios para escucharnos, nos conduce a sentirnos perdidos.

¿Te sientes perdido? ¿Necesitas un espacio para reencontrarte?

Justamente para generar este espacio de “soledad elegida” y contacto con uno mismo, surge mi propuesta de Desierto, silencio y encuentro.

Si sientes que necesitas reencontrarte contigo, te propongo una semana en el desierto, al ritmo de los dromedarios, del día y de la noche, del sol y de las estrellas.

Hundiendo los pies en la arena, sintiendo el intenso sol y la brisa de la noche al lado del fuego, entrelazados con la cultura Amazig a través de su música, su comida, sus historias…

Te propongo un viaje de autoconocimiento que da para mucho.

Para tanto, que la mente se aquieta y el alma se despereza. Ese despertar, a veces resulta incómodo, quizá por el olvido de ella, quizá por todas esas cosas no atendidas durante tanto tiempo que ahora se dejan ver, quizá solo por la falta de costumbre, de reconocer el contacto con uno mismo.

Y compartir este proceso en grupo permite explorar, arriesgarse al vértigo de sentirse vivo en el contacto con otras almas.

Retirarse cuando es una elección, regenera, nutre y prepara para nuevos contactos.

Como diría mi amigo poeta y caravanero Antonio Bueno “Me marcho para volver”.

 

Òscar Boule, creador de Caravana Hacia el Interior

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Desierto, silencio, encuentro.

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